El miércoles.

Esta historia pudo haber empezado muy comúnmente tan comúnmente como que había una vez en algún lejano país un joven y apuesto príncipe… o cosas así pero no, no empezó así y no es que no quiera, la verdad es que no puedo, primero porque hoy es miércoles y segundo porque no se trata de un común y corriente cuento, se trata de mi vida que es tan especial, original y extraordinaria que solo una persona en todo el mundo la conoce: yo

Realmente mi vida no es común aunque como muchos me despierte el nunca bien querido beep-beep del despertador, aunque como todos salga corriendo de la casa con el estomago algo más que vació, a pesar de que al igual que millones de ser humanos use el metro para trasladarme de un sito a otro, mi vida no es igual…. Es única.

¡Claro que es igual! ¿Acaso no te levantas a las 5:30 de la mañana, o me vas a decir que no te bañas con desesperación para luego medio vestirte y medio peinarte? Ves, tu vida es mas común de lo que te imaginas, ¿o vas a negar que como todos en tu grupo llegas los lunes al aula 006 o los jueves a la 205? … ¿Qué? ¿Me vas a decir ahora que no caminas cuatro cuadras y media para llegar al metro Buenavista como lo hacen muchos?
Te das cuenta, tu vida forma parte de las más comunes porque de no ser así yo creo que no viajarías hacinado en el Metro ¿o si?

Mmmmm… ante argumentos tan buenos y magnos en verdad no puedo más que decir que no, mi vida no es común.
Es cierto lo que dices que hago pero mi vida no es así de estéril, mi vida es por demás especial porque a mi no me despierta el despertador, yo comienzo a soñar cuando canta el sol, porque yo no me baño —como todos— a mi me ensucia el agua y me moja la toalla… a mi no se me hace tarde solo dejo que se adelante el tiempo y evito alcanzar el destino.

Y es que en realidad nadie hace lo que yo hago, es por ello que mi vida es sin igual porque cuando estoy a punto de cerrar la puerta oigo que la cama me grita si la amo y yo solo le contesto desesperado que no puedo comprar amor pero que he de volver a ella todas las noches. No soy común porque mientras todos bajan escaleras yo solo me paro y ellas suben, es así como logro llegar a cerrar la puerta para luego encontrarme a con la señora de siempre y su siempre vestido negro, esta señora que se pasa la vida mirando las ruedas me desea buen día y yo, en respuesta le pongo un pie encima y luego otro, preludio al incontenible ultraje de la tortuga rugidora.

Y ahí voy, temblando de frío, con paso firme entre lagos, lobos y bueyes que evocan lo que he dejado. Entonces recuerdo que los niños continúan la sonrisa de Dios en la tierra y comprendo que mi sonrisa la tiene ella que se ha quedado donde los bueyes son muchos y los huajes en la nariz ya son pocos. Pensamientos amorfos que brotan mientras consumo los 358 pasos que separan todos los mañanas a mi madriguera del hoyo del metro. Mi vida y Yo no son lo mismo porque una vez en el metro yo no empujo solo desplazo el espacio para poder acomodarme y porque no puedo evitar que se cuajen en mi mente como islas en el vapor las bellas imágenes que recuerdan aquel hermosos país en donde por ser judío te regalaban un viaje en tren con el lujo de agradecer al cielo si no entrabas en el vagón… tan distinto a este lugar donde una maldición siempre esta a flor de labios  para ser arrojada o escupida cuando no se pudo entrar en un furgón pero si ya esta uno adentro no se desperdicia y se convierte en una alabanza para glorificar el maldito amontonadero.

Mi vida y Yo no somos comunes porque yo no maldigo en el tren solo comparo destinos; en el lejano y hermosos país Auschwitz, Treblinka, Majdanek, Clemno los destinos para los afortunados en conocer el sentido chingativo que puede llegar a tener la vida… Aquí Balderas, Centro Médico, Miguel Ángel de Quevedo, Universidad ponen a prueba el temple humano y tientan a la locura.

La semejanza
que justifique esta abstrusa remembranza: el hacinamiento.
El punto que evite la equiparación:
El viaje, aquel gratis por éste… por éste se paga.

Mis mañanas no son normales y tres mil seiscientos cuarenta y cinco segundos después de haber cerrado la puerta que resguarda cual cancerbero mi bien amado hogar sin calor me encuentro frente a uno y detrás de otro que como yo y junto conmigo formaremos la legión que asaltara y sofocara al gato bebedor de diesel. El gato me llevara hasta el centro de Troya, así empiezan los gritos, empujones y pisadas todo a discreción, algunas con alevosía otras por suerte pero todas —quizá porque estoy loco— hacen que recuerde Vietnam donde era poco común pisar el fango y mucho mas frecuente aplastar cráneos.

No soy común…. No soy normal… ¿Estoy loco? Como sea estoy aquí sentado cómodamente en esta banca de este amplio salón después de atravesar amplios corredores y nadar entre cientos de muchachos puedo concluir que este cuento no pudo haber iniciado comúnmente porque:

a) Estoy loco.

b) Estoy ebrio o mariguano.

c) Estoy, como nunca en mi vida había estado: solo, completamente solo como pobre perro.

…Aunque puedo siendo sinceros decir que toda esta demencia es porque c) y de ningún modo porque d)

d) Estoy pendejo.

—Bueno bueno, ya entendiendo que no eres común aunque hagas lo que todos y/o mucho hacen en este maravillosos lugar… pero a todo esto ¿Qué tiene que ver con que hoy sea miércoles?
Simple, simple como que tiene una ese de sencillo… es especial porque el miércoles es el dies Mercuri… Iirucrem Seid El Se Euqorp.

© Pablo Benito Gómez Reyes. 2004

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