El amor, compañía, similares y conexos.

-O del arte de decir y seguir siendo amigos-

Ovidio nos dice (cito de memoria) que “ofrecer amistad a quien nos pide amor es como dar pan a quien muere de sed”. Sería mejor mentarle su madre, decirle que el agua se esta acabando en el mundo por lo que no sería correcto, moralmente correcto -claro esta-, desperdiciarla en un moribundo. Después de todo el Paraíso es un gran oasis y él ya va de camino.

Si hiciéramos esto, si esto ocurriera en realidad (sospecho que es más real y lo hacemos con mucha más frecuencia de la quisiéramos admitir o pensar) seguramente muchos se sonrojaría, otros tantos se ofenderían pero callarían y los más snobs saltarían de sus asientos de vanguardia indignados y armados con un sinfín de argumentos amorosos. Del amor se ha dicho tanto que la verdad nos quedamos con nada y volvemos sobre nuestros pasos repasando, repensando y reconstruyendo sobre que es el amor y donde esta. Dallas lo acaba de preguntar.

Quienes lo celebran hoy sonríen, quienes lo detestan hoy fruncen el entrecejo. En la víspera escuchaba en el Metro a un hombre joven, de aspecto sano, bien comido, pequeño burgués, –podrían afirmar los marxistas biológicos–, cuestionarse sobre la existencia del amor; la misma duda la vi en la mirada de una mujer adulta a quien, por la misma mirada, supuse casada. Todos nos lo hemos preguntado y todos sabemos que existe.

Lo hay en la poesía, en la música, en el aire, en los Beatles, en los niños, en las sonrisas, en los partos, en las madres, en los discursos políticos, en la lluvia vivificadora, en la noche, en las plantas, en los pechos llenos de leche, en las iglesias, en la Biblia, lo hemos visto en las arengas revolucionarias y en su verborrea, en el placer, en el cuerpo y fuera de él.

Lo hay en el enamorado que compra un pastel con forma de corazón, después de cumplir con su labor, busca el mejor y lamenta no tener más pero aun así lo lleva, cual ofrenda, a su amada y mientras camina se pregunta: ¿Quién me viera hacer esto? Al tiempo que recuerda sus días de bachiller cuando denostaba el 14 de febrero por comercial, vil y falso. Para concluir sonriendo de satisfacción pues sabe y siente que esta enamorado y los principios otrora enarbolados hoy pueden esperar. Lo hayamos, el amor, el la enamorada que sin saber, borda un pañuelo para su amado, y a cada puntada siente como va uniendo sus vidas en un hermoso trazo de color y algodón, aunque lo haya zurcido al revés. Intenta con su esfuerzo materializar lo que pulsa dentro de ella, y ha considerado que un pañuelo es lo adecuado pues estará ahí con él y ella a través de el, cuando seque el sudor de la frente o las lagrimas del corazón. Y al pincharse el dedo siente la duda cruel sobre si valdrá la pena todo aquello, si a quien ama le podrá dar todo lo que ella quiere… ahí esta el amor. Y seguirá estando, de otro modo, en sus mutuos recuerdo, aunque ya el pastel los haya nutrido y el pañuelo se haya desgastado, desgarrado, roto; después de todo ellos, pastel y pañuelo, se han sacrificado por el amor de El y Ella, y no han sacrificado el amor de Ellos por ellos que como sea se pueden remplazar.

Amor hay y mucho y he aquí el problema con el.

Pues lo hay blanco, negro, lo encontramos de cualquier tipo y en cualquier forma, lo hay tierno y rudo, lo hay de cualquier sabor y de (y en) cualquier posición.

Hay amor.

Que si sería mejor hablar hoy sobre el asesinato de Vicente Guerrero antes que del amor y eventualmente de la amistad, creo que si, pero eso ya será la tarea de algún escolar, o de un algún buen enemigo del consumismo ateo, o de un patriótico snob –de los muchos que hay por ahí- que sienta como propia la ofensa y cargue contra este día con ejemplar coraje y heroísmo, sintiendo que al despotricar contra esto salva a la Patria y el se inscribe en el Olimpo de lo los héroes nacionales. Los hay, lo harán, lo están haciendo.

Después de todo, no son eventos tan extraños, tan lejanos, no tan ajenos a nosotros. A Guerrero le echaron el guante en la Bahía de la Entrega, (así llamada desde entonces) en Huatulco gracias a su amigo –nos dice el libro de la SEP- Francisco Picaluga. Es decir lo traicionaron, su propio amigo; una más que se inscribe en la larga lista de traiciones Judasica. Así pues, el catorce de febrero de mil ochocientos treinta y uno, año de Nuestro Señor, su sino le llego y moría atravesado por las balas del la ignominia y el deshonor, de los interese inicuos de los potentados, el gran Vicente Guerrero Saldaña en la villa de Cuilapam, hoy de Guerrero, en Oaxaca. Eres ejemplo a seguir, vengaremos tu muerte y haremos de este país la nación que deseabas forjar (o lo que creemos que querías), es más, levántate de la tumba y sálvanos, ven y pártele su madre al mal gobierno y al imperialismo y a todos los demás ya que andas en esas, haznos como Egipto… ¡Oh gran Guerrero!… Twitter lo pide y Facebook lo suscribe.

Pero en fin, eso ya lo arreglarán ellos, entre ellos (Guerrero, Picaluga, los patriotas, los de twitter y facebook, pero sobretodo los dos primeros) a solas, en el privado rincón de la venganza, la ira, la culpa, los remordimientos, en el de la Historia, en el más allá. Henos aquí no por esta causa si no por otra: El amor, compañía, similares y conexos.
Amor es la tragedia del abandonado y la escusa del adolescente. Amar es morder, soltar y volver a morder. Es reventarse contra la pared y volver a intentarlo. Amar no es tan difícil como parece o como lo queremos creer. Amar no es comprar lo mejor, sino es no tener y aun así comprar y dar. Amar no es ambición, pues esta es el último refugio del fracaso. Amor no fue, siempre es.

Amor hay en quien calla, y en que lo dice todo. En quien lastima y en quien sigue y en quien se detiene. El amor es la causa de todo, desde guerras hasta orgasmos, desde vida hasta muerte. El sexo no es amor y el amor sin sexo no es amor. Es lícito desconfiar de quien nos ama pero niega que nos desea pues algo quiere y no es amor, seguro es dinero. Quien da ama, quien recibe también ama, pero quien no da ni es capaz de recibir muere, pues en la vida o se es o no se es, sea lo que uno quiera ser. El amor no admite moralidad, no hay bueno ni malo.

El amor propio es una fantasía, es el recurso de las que se saben o creen feas, de los deprimidos, de los fracasados. Amar son dos cuerpos, o más de dos o incluso uno, el amor es corporal y quien lo niegue miente. El amor entra por lo ojos, los oídos, a través de la piel, por la boca y por los aromas. Quien lo niegue miente. Amor es lágrimas y sudor salado. Amar es volver a casa, es irse de ella. Amar no es tan difícil como parece, basta con vivir sin pretender ser, tan solo siendo quien uno es. Se puede amar lo que sea, el ego, el lego, el lago, al largo, al gordo, al feo, a la alta, a la blanca, a la banca, al perro, al guapo, al listo, al pendejo, al valiente, al cobarde, a la frívola, a la comprometida, a la floja, a la mantenida, a la independiente, a la asistente, a la compañera, a la amiga, a la vecina, al callado, al despeinado, a la ridícula, a la sexi, al galán, al pretencioso, a Dios, a Satán (aunque no lo recomiendo mucho), a los animales, se puede amar el trago, el tabaco, el sexo, el pescado ahumado, las tortillas, los chapulines, un atardecer, un amanecer entre uno brazos… que puedo decir, se puede amar lo que sea, a quien sea podemos amar, nos pueden amar, me puedes amar, te puedo amar.

El amor es todo y por eso no es nada, suele pasar frente a uno y no lo vemos, esta a lado y no lo sentimos, nos habla en la multitud y no escuchamos, y al desesperar por hallarlo, terminamos viendo los arboles y no el bosque.

Al final de todo esto aquí por mí aquí escrito quizá, y solo quizá, sea un capitulo más de mis Apologías Paulinas. Quizá, solo quizá y después de todo, no sea más que un manotear en la angustia de la fatalidad. Un último intento por permanecer caliente y seguro, no más que miedo a nacer. O porque así es más fácil decir, entre tanta coma, espacio, acento y verbos que te extraño.

Porque así es un modo de decirte que te amo, mi modo. Así, entre las letras que hacen tu nombre, que describen nuestra historia y que dibujan tu hermosura intento decirte que es mucho lo que extraño y mucho más aún lo que -aún- te amo. (Mucho más de lo que llegue a pensar y de lo que el cura, los amigos y mis padres me dijeron debía pasar)

Después de todo eres una cuantificación vital,una hermosa voz de esperanza para todos los pueblos del mundo: AMOR

© Pablo Benito Gómez Reyes. 2011

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